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El Juego de la Noche [Reservado]

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El Juego de la Noche [Reservado]

Mensaje por Invitado el Mar 28 Jun - 20:11:30

Desdichada la amargura de más de 200 años de encierro en la oscuridad, tanteando en cada barrote de una celda intemporal, las razones fidedignas de que su alma fuese maldita y refundida en las tinieblas. No lo comprendía… No lo recordaba… Una de las piezas de su rompecabezas mental faltaba y exactamente no podía definir cuál. Solo tres días habían pasado desde que había logrado escapar, siendo confinada nuevamente al mundo mortal de donde una vez había sido exiliada, arrastrándose bajo la bruma y una lluvia invernal, hasta llegar a las ruinas de una casa que -al parecer- había sido incendiada. –La Corte no permitiría que yo escapara del Inframundo por acción del azar… El sello de mi condena fue quebrantado por el mandato de alguien más... Alguien superior y poderoso... Mis propios carceleros subastándo mi destino en un juego de dados, pero… ¿Bajo qué designio sombrío?- Comentó la sombría demonia a una humana que había tomado como mascota provisional, tras recuperar su energía al asesinar brutalmente a su familia y apilarla como basura en una de las esquinas del lugar. –Mariana fue muy amable en decirme el pseudónimo de mi nuevo guardián… ¿Quieres saber cómo se hace llamar?- Alzo sus ojos verdeazulados a la que consideraba poco menos que un animal, que se encontraba apostada en el suelo en un estado de hipnosis que le dejaba a su plena voluntad. –Ash…- Los labios carmín de Anastasia se curvaron con una especie macabra de ternura al pronunciar esa pequeña palabra, inhalando profundamente la epifanía o calvario que viviría con aquel peldaño que le ayudaría inocentemente a cumplir con su cometido.

La demonia lentamente se acerco a la mortal, inclinándose para acariciar una de sus mejillas con extrema suavidad, mientras sus ojos eran apenas iluminados por la luz de la luna se colaba por uno de los ventanales ruinosos de su “nuevo hogar”. –No tengas miedo, querida… No estás aquí para ser mi comida… Te tengo para ti un propósito superior… No morirás bajo mi mano… No al menos, aun… - Su voz aterciopelada era tan sutil que se colaba con un melodioso eco entre las huecas paredes de la oscura estancia, dedicándole una media sonrisa entre tanto la humana comenzaba a sollozar y Anna se levantaba para asomar su libido rostro en una oscura fuente que había sido su único portal con la realidad durante muchos años. -¿Dónde estarás ahora, Ash?- La imagen de su perfilado reflejo en el agua se transformó en una borrosa figura en medio de un bar, demasiadas personas y una energía particular imposibilitaron que ella identificara al hombre que habían enviado a esclavizarla, sin embargo, llegó a visualizar un extraño collar pendiendo de su cuello con una especie de sello que después... Las aguas de la fuente negra se dispersaron en ese nuevo intento, Anastasia exhaló con algo de fatiga y frustración ya que aun su energía aun no era la suficiente para emplearla en localizar a aquel espécimen singular. Volvió la mirada hacia la silenciosa y temerosa mortal y tragando con algo de dificultad, musitando apenas en un hilo de voz. -¿Vives muy lejos de aquí?- Amplificó su sonrisa, mostrando una belleza singular que luego daría cabida a sus verdaderos planes para una noche plagada de sorpresas y un derroche de ironía que en ella jamás podría esperar.

Su nueva mascota la guió hasta su lujoso departamento a las afueras de BloodTemps, aun sumida bajo el manto del control mental de la demonia, le concedió todo aquello que Anastasia requería para un festín desconocido en los bares de la ciudad. La Destructora se sumergió por horas en una cálida bañera, vistió una indumentaria moderna y sensual que escogió de acuerdo a la variedad en el vestier de la mortal. –No puedo comprender como la raza humana se puede privar de tan hermosos placeres…- Susurró mientras acariciaba las medias negras sobre la longitud de sus piernas perfiladas y abotonaba el liguero al apretado corsé que demarcaba su curvilínea figura. Observando de reojo a la humana, recogió su cabello de ébano en una cola de caballo y tomó un vestido negro ajustado que deslizo por su cuerpo como una viva caricia de seda que recorría lentamente cada atributo de su estampa. –Necesito un vehículo apropiado…- Susurró a su propio reflejo frente al espejo, dedicándo aquella orden precisa a la mortal catatónica tras ella, retocando su boca con un labial avinado, y sus pestañas con un toque de rimel. Depositó un beso suave sobre el cristal del espejo y con un gesto travieso, se giró para calzar sus zapatos altos forrados de un fino terciopelo negro y caminar elegantemente a través del frio corredor de aquel departamento. Aun no se acostumbraba a la temperatura templada de la superficie por lo que siempre buscaba alguna fuente de calor, en este caso, un abrigo de piel que cubría gran parte del generoso escote que dejaba entrever el vestido y el acentuado corte que develaba sus piernas esbeltas envueltas por una oscura pero traslúcida capa de tela... Era como si ella misma vistiera su propia piel.

Nada más que un lamborghini diablo de color rojo le aguardaba fuera de la propiedad, tomando las llaves de la frágil mano de la humana a quien ordenó ingresar a la vivienda y descansar hasta la llegada de su ama. Anastasia vibrar del potente motor del vehículo, llevándolo hasta el límite por la autopista hasta llegar a un extraño suburbio donde se encontraba el primer bar de la ciudad… El primero en visitar, hasta que diera con aquel famoso guardián. Parqueó su nuevo juguete frente al sucursado lugar, finalmente ingresando a través del alfombrado ante las miradas atónitas de todos los presentes, como si nunca hubieran visto a un demonio con el mejor disfraz angelical. Inhaló el aroma hormonal y acelerado que despedían los mortales en el lugar, curvando sus labios en una media sonrisa picara mientras de reojo analizaba cada rostro presente que se cruzaba en su pronunciado andar. Ninguno parecía ser quien buscaba, pero algo en su interior se sobresaltaba con una energía en particular que batallaba en contra de su alma, o por el contrario, se trataba de acoplar.

-Vino tinto, por favor…- Sus ojos cazadores y atentos divisaron al encargado del bar, quien hipnotizado por su belleza excepcional, prácticamente se cortaba las venas y le ofrecía su sangre como delicioso manjar. Pero ella no estaba interesada en ello, necesitaba encontrar al guardián y dar inicio al mejor juego hasta acabar con la última pieza que aun amenazaba su lado del tablero. -¿Dónde estás?- Susurró para sí misma mientras daba un delicioso sorbo a su bebida, relamiendo sus labios y divisando a un misterioso caballero al otro lado del bar. ¡Es él! Exclamó algo en su interior, de allí provenía tan invasiva energía, de aquellos ojos acaramelados despedía un poderío sin igual. Pero solo había algo que se interponía entre ambos… Otro caballero libertino que se carcajeaba despreocupado ante la compañía de varias mujeres que insistentemente lo toqueteaban sin recato. Anastasia ladeó su rostro con una extraña curiosidad perversa destellando, dando algunos pasos sinuosos hacia el desconocido para apartarlo como un tornado que barre con todo en su devastador camino.

Simplemente la copa se resbaló de su mano delicada mientras cruzaba la pista, dejando caer aquella suculenta bebida en los pantalones del estorboso desconocido con el propósito de llamar la atención de quien representaba su verdadero objetivo. La reacción del caballero fue levantarse prontamente y proferir algunas palabras que Anastasia no quiso escuchar ya que su atención estaba volcada en el otro ser inmortal, rompiendo prácticamente la concentración de la demonia ante la algarabía de sus “damas de compañía” cuando intentaban limpiarlo mientras ella subía al sofá para igualar la estatura del titán y acunar su rostro entre sus manos para que sus ojos y la mirada de plata fundida de él, tuvieran un directo contacto mas allá de lo carnal. –Lo siento…- Murmuraron sus labios carmesí de la fémina a centímetros de los del hombre, ladeándose levemente para depositar un prolongado beso sobre su mejilla que tomaría una muy mínima parte de su energía que le permitiera a su corazón saltar bajo su pecho con un extraña convulsión. Anastasia serenamente se alejó hacia la pista, dejando al caballero a sus asuntos mientras capturaba a su presa que ahora la observaba con cierta pasión interior. Ella simplemente ignoro todo a su alrededor, caminando con un movimiento felino entre la gente mientras sorteaba la suerte de su guardián en su mente. Pero cuando estuvo a unos cuantos pasos de encontrarse con tan majestuosa criatura, algo se interpuso en su camino y perdió de su vista su final objetivo.
Invitado

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Re: El Juego de la Noche [Reservado]

Mensaje por Invitado el Miér 29 Jun - 22:34:32

Entre los designios de Hades y las viejas decrepitas de Los Destinos, Acherón estaba hasta el último pelo. Ambas partes en su eterna competencia y desafíos, de uno poder controlar la voluntad del otro o trastocar sus planes jodían a cualquiera que estuviese en el medio. Ejemplo él, desde que ahora Hades quería a su creación fuera de rejas, quien sabe por qué, Los Destinos no iban a estar nada felices y él menos. Designado al trabajito extra de niñera, una vez que pusiera un pie en la tierra, el sello de la Destructora se rompería. Todo lo que tenía que hacer era buscarla y protegerla para que la corte de ángeles y enemigos públicos de Hades, Renzo y ella misma, no obtuviesen su cabeza.

No es que particularmente el trabajo le hiciera gracia, pero de quedarse en el Infierno con tanto calor, además de Renzo y Hades peléandose, prefería volver al mundo de los mortales. Encontraría a la Desctructora y cumpliría con su deber, a fin de cuentas ella era un peón más de Hades y sus aires de jugar a ser Dios, ¿que tan malo podría ser tener que cuidarla? Al menos su vida tendría algo de acción.

A media tarde despertó en su departamento, no exageradamente lujoso, pero si elegante y moderno, con todas las comodidades necesarias. La habitación decorada exquisitamente, con una cama donde podían dormir cuatro personas, considerando el tamaño de Acherón. No obstante siempre dormía solo, ninguna de las mujeres que tenía como amantes, sabían la dirección de su casa, ni pretendía dárselas.

Se removió estirando los músculos, desesperezándose tranquilamente para echar un vistazo a las manecillas del reloj. Eran las 7pm, temprano para darse una ducha y salir a comer, quizás más entrada la noche fuese a su bar preferido. Un pub llamado Inferno, una de las tantas ironías, pero donde los tragos y las mujeres eran una maravilla.

Finalmente se deslizó fuera de la cama y se metió a la ducha. Más tarde escogió un juego de pantalón formal, camisa y chaqueta, todo negro. A pesar de no ser un estilo casual, no llevar corbata hacía la diferencia. Se miró al espejo sin acomodar su cabello y la imagen que vió le gustó. La sombra incipiente de barba que comenzaba a cubrir su rostro, le daba un aire interesante, según algunas mujeres. A él le daba lo mismo pero mientras las atrajera, era feliz. Por último tomó las llaves y salió en su camaro al que cuidaba y consentía más que a nadie.

Pasó las dos horas siguientes disfrutando de una cena y después al bar, donde lo recibieron con su acostumbrada hospitalidad. Un lugar privado y varias mujeres que al instante, estaban sobre él , dispuestas a cumplir cualquier deseo. Quizás si estaba de humor, esa noche alguna se fuese con él aunque no estaba prestando atención a ninguna en particular. Absorto estaba en los pensamientos de su nueva misión cuando la caída de un líquido helado sobre su pantalón lo despertó. Alzó la mirada buscando al responsable para arrancarle el cuello y la visión ante él no fue lo que esperaba. Una mujer que curvaba los labios en una ligera sonrisa y después le regalaba una mirada llena de malicia y sensualidad. Era demonio como él, pero más que eso no pudo percibir.

Se incorporó de un salto mascullando cualquier cantidad de maldiciones por haber arruinado su traje. Y contra todo pronóstico la desconocida le regaló una disculpa muy particular. Como no era muy alta, se subió al sofá y de esa manera quedó a su altura, dándole un suave beso que lo dejó hipnotizado, murmurar un “lo siento” y seguir su camino. Quien quiera que fuese llamaba demasiado su atención para dejarla ir, además, una sensación rara recorrió su cuerpo con aquel beso y lo impulsó a seguirla. ¿Qué? No tenía idea, pero planeaba averiguarlo.

Sin pensarlo mucho más fue trás ella, atravesando la multitud hasta que logró cortar su paso. Como buen observador que era, notó que la atención de la fémina estaba en un hombre al final del bar. ¿Un humano? Únicamente para alimentarse, el hambre era lo que Acherón percibía sobre todas las cosas en ella.

- No me dejó oportunidad para responder a su disculpa.- había brillo extraño en sus ojos cuando lo miró, arrogancia, curiosidad y mucha seducción – Un humano no te va a satisfacer...como yo puedo hacerlo. Además hay que pensar en un modo de mejorar tus disculpas.

La expresión de Acherón era pura seriedad cuando la tomó de la mano y envolvió el cuerpo de la mujer entre sus brazos. Algo poderoso y sensual emanaba de ella y la curiosidad podía mucho más.

- Dígame, ¿ya pensó en una manera de compensar el haber arruinado mi ropa? - preguntó mientras se unían a las parejas de baile en la pista.
Invitado

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Re: El Juego de la Noche [Reservado]

Mensaje por Invitado el Jue 30 Jun - 6:52:59

Anastasia había encontrado a su guardián tras merodear por un breve instante en aquel fachendoso bar, codeándose entre la humanidad con suma cautela y moviéndose precisamente hacia su mesa hasta que el petulante caballero con la mirada de argento se interpuso entre ella y su conclusivo objetivo. La mujer alzo sus ojos de esmeralda y escucho atentamente las palabras de aquel a quien -por equivocación- había ultrajado con su trago, deseando que fuera ácido corrosivo el que vertiera sobre sus pantalones en pro de mantenerlo ocupado. –Lamento tener que decir que…- Las luces variantes del lugar deslumbraron su prodiga vista de aquel espécimen ejemplar que ahora estaba demasiado cercano a su cuerpo, sumado al excesivo retumbar de la música que sofocó su respuesta aunque no había tenido tiempo de rechazarle. Su instinto primario farfullaba en su interior, aquellos poderosos brazos envolvían su cuerpo de apariencia frágil y su olor causaba una especie de hipnosis que embriagaba su primitivo ser. -¿Entonces puede satisfacerme en todo lo que deseo?- Alzó una fina ceja cuando observó a su alrededor y luego encaró al caballero con un tono desafiante pero tan suave como la seda. –¿Está seguro de ello?- Le dedicó una amplia sonrisa al liberarse de su abrigo y dejarlo caer al suelo, alzando su brazo para posarlo sobre su hombro y desenredar con sus dedos los delicados rizos de su cabello que caían hacia su nuca. –Piénselo bien, dado a que lo que puedo demandar, puede tener un alto precio…- Susurraron sus labios carmín al realizar un intercambio entre sus alientos por un breve momento.

Por un efímero instante, Anna pudo sentir como la adrenalina recorría su torrente sanguíneo, como un extraño candor envolvía su cuerpo a través de sus brazos, como el dulce sabor de su aliento le resultaba tan ameno a través del intercambio de susurros a tan corta distancia. Aquel titánico inmortal no solo era de su casta, sino que además, portaba un grandioso poder que sustentaba su avasallante energía. Una, de la que sin duda alguna la demonia, no tenía intenciones de rechazar. Sus miradas se encontraron una vez más bajo las centelleantes estelas de la pista, agitando sus respiraciones acompasadas al momento en que él apretara su cintura contra su cuerpo y ella respondiera con un provocativo jadeo. -¿Cómo te llamas, extraño?- Musitó dulcemente mientras con su mano libre ascendía la longitud de su brazo con una caricia que alcanzaría su pecho, recorriendo lentamente cada centímetro hasta que sus dedos alcanzaron la tibia piel que escondía entre los pocos botones desabotonados de su camisa.

Antes de que al desconocido le diera tiempo de responder, Anastasia notó el brillo candente que ardía vivamente en el interior de sus muñecas, la marca que le había sido adjudicada siglos atrás, ahora le enviaba un mensaje de lo que fidedignamente había ido a buscar. -¡Su guardián! ¡Se había olvidado completamente de Ash! ¿Pero como no hacerlo con tan adorable coloso que tenía el poder de sosegar su sed? ¿Cómo no ser tentada a olvidarse del tétrico juguete de Hades cuando podía sumergirse en un mar de fantasías con el extraño en cuestión? Aunque la verdadera interrogante era… ¿Cómo lo había logrado?- Se preguntó en el interior de su consciente, sonriendo ampliamente para sí misma y suspirando antes de interrumpir el momento para girar su rostro y divisar al otro individuo que… -No, no, no…- Se repitió en un amago de voz al notar que el otro hombre se levantaba de su asiento y se avecinaba peligrosamente a la salida.

Con su guardián se fugarían sus esperanzas de alcanzar las respuestas que necesitaba su perturbada mente y la infalible venganza que cobrarían sus años de injusto encierro. Y ahora se veía en la difícil posición de pensar en una estrategia rápida para evitar su partida bajo cualquier medio. Dio dos pasos lejos del inmortal que le cautivaba, tragando con dificultad por un segundo mientras fluctuaba entre varias posibilidades… Cerró sus ojos con fuerza y se giró rápidamente para golpear vigorosamente el rostro del desconocido con el que había compartido una danza sugestiva, captando la atención de todos a su alrededor, incluyendo al que creía su guardián. –Infeliz… ¿Acaso crees que soy como cualquiera de tus soeces damas de compañía? ¿Qué tras engañarme con ellas puedes venir a tocarme?- Empleando una actuación casi magistral, alzo su mano para tomar el rostro del inmortal cuyo gesto no podía determinar y murmuró en un hilo de voz apenas para que ambos lo escucharan. –Mi disculpa no era por tu traje, extraño… Verdaderamente era proferida por ésto…- Repentinamente sus ojos se tornaron del color más profundo como el ébano, y comenzó a absorber a través de su tacto el huracán de sensaciones que su energía le otorgaba, posteriormente liberándolo en su derrota discreta para separarse y comenzar su marcha impetuosa hacia la salida.

El viento invernal golpeo su rostro hasta hacerla titiritar vertiginosamente, deteniéndose en el aparcamiento de aquel centro nocturno donde se abrazo a sí misma y dirigió su vista en varias direcciones. -¿Ahora donde estaría? ¿Cómo se había permitido el lujo de perderlo? Aquella malnacida cucaracha más vale que valiera el alto precio… Porque de seguro se reprocharía el haber rechazado a tan hermoso espécimen por alcanzar al imbécil que pareciera huir como una temerosa sombra ante la luz.- Pensó mientras la fémina alzaba su mano y notó que las marcas ardían como las mismísimas llamas del infierno carcomiendo su piel; Eso definitivamente era una buena señal, él estaría cerca pero… -¿Dónde?- Exhalo con frustración al no poder especificar su paradero, escuchando el eco de sus tacones sobre el asfalto en su lento andar hasta llegar frente a su auto.

Invitado

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Re: El Juego de la Noche [Reservado]

Mensaje por Invitado el Vie 1 Jul - 6:43:53

Quizás por la sutileza con que él había tratado, la fémina cedió a sus movimientos y lo acompañó a la pista. No es que tuviese mucha elección entre los brazos de Acherón, pero él tampoco la obligaba y sin embargo ella se lo permitía, con una calma sensual, medida y elegante, invadir su espacio personal. Consentimiento mutuo, si quería llamarse así. Pocas veces había tenido la oportunidad de encontrarse con alguien así, pero ella sin duda era única. Emitía una sensación de misterio y peligro, estar cerca de ella era agotador en cierto sentido, demandaba un séptimo sentido alerta. Como quien acuna a una cobra en su pecho, que en cualquier momento podía clavar el veneno. Así lo sentía Acherón mientras ella se acercaba y absorbía su energía, tan sutilmente como la picardía implícita, cosa que permitió puesto que él mismo se lo ofrecía.

Mucho más que eso podía darle, dudara ella o no, era cosa de demostrarlo. Pero al parecer tenía otros planes y una estrategia para alejarlo ¿o atraerlo? Todo fue tan rápido, la bofetada, la disculpa o algo parecido de su parte. Estaba actuando, impredecible la mujer, caprichosa y buena actriz que una vez más desvió su atención hacia el hombre de la barra, que en ese instante, abandonaba el lugar. Ella no vaciló en ir trás él y con su movimiento, Ash divisó el brillo que mostraban unas marcas en sus muñecas y en un segundo, supo con quien estaba tratando y que no podía dejarla ir. Era tiempo de comenzar su trabajo, la Destructora estaba allí y probablemente a punto de querer comerse a alguien en más de un sentido.

La siguió a distancia hasta que salió a la calle donde pronto se encontró sola. Su presa se había escapado y ella seguía hambrienta y aunque el tipo estuviese allí, para llevársela con él, Ash probablemente hubiese tenido que romperle el cuelo. Al parecer las cosas no serían tan simples como pensó, la Destructora era una mujer no solo hermosa, si no altamente sensual, escurridiza por naturaleza y lujuriosa como su raza demandaba por naturaleza. Y todas y cada una de esas cualidades lo afectaban a él directamente.

A pesar de todo eso el asunto no era tan sencillo. Como iba a explicarle que desde ese momento le tocaba ser su prisionera. No esperaba que ella lo entendiese, tampoco que obedeciera y antes de armar una guerra, era mejor usar la estrategia. Seguría la línea que llevaba antes de saber quien era y con suerte, convencerla de irse con él. Una vez que ella pusiera un pie en su departamento no podría salir, ni usar a gran escala sus poderes.

Se acercó en silencio a su espalda, no podía ver su rostro pero si podía sentir su decepción y frustración por el hombre que había dejado marchar. Era su oportunidad y con la misma agilidad que usó antes, se acercó hasta apresarla entre su cuerpo y el costado del auto donde se a disponía entrar.

- Creo que necesitarás más de una lección de modales, ahora me dejó hablando solo.- le dijo susurrando al oído y con un brazo a cada lado de su cuerpo sin dejarle salida – Por cierto, mi pantalón se arruinó, ¿tienes dinero para uno nuevo o debo buscarlo yo? - la mujer intentó voltearse con ánimos de protesta pero la retuvo fácilmente, al apoyar el peso de su cuerpo sobre el suyo y estrechar el cierre de sus manos alrededor de ella – Shhh...tranquila, me encargaré yo mismo de buscarlo.- le aseguró con una sonrisa que ella no pudo ver - Además, puedo acusarte de varias cosas, aparte de no tener modales.


Acherón se lo pensó un instante, una milésima fracción de segundo en que la idea llegó a su mente. El debía proteger a esa mujer con su vida, porque era su deber pero no era inmune a su magnetismo ni poder de seducción. Sin duda Hades la había hecho a su imagen y semejanza, no solo por todo el poder que ella tenía, sino por la atracción sexual que ejercía sobre cualquier ser vivo y no vivo. Nadie conocía al Rey del Inframundo por caballeroso, porque ni modales tenía, pero si por su gran capacidad de seducción y un harén de mujeres. Acherón tampoco podía quejarse, era una herencia de la que él también gozaba y sacaba provecho, como en ese momento en que competía con su propia sangre.

Sabiendo que ella no se apartaría, se inclinó ligeramente hasta que sus piernas perfectamente torneadas, quedaron a su alcance. Entonces con ambas manos, una en cada pierna y comenzando el recorrido un poco más abajo de la rodilla, subiendo...

Una pregunta vaga salió de los labios femeninos y Acherón esbozó una sonrisa traviesa.

- ¿De que te acuso? Mmm, de muchas cosas, empezando por ser una mujer increíblemente hermosa y sensual,- comenzó a describir, recorriendo sus piernas y subiendo por sus muslos – Por intentar seducirme y luego abandonarme con un beso tan efímero. Por ignorarme repetidas veces y hechizarme con tus ojos...tan cambiantes como las tempestades del desierto. - agregó contorneando sus caderas y aspirando el aroma de su cabello, tan suave y delicioso – Por poseer esos labios que invitan al pecado y a beber de ellos toda una eternidad. En resumen, por ser tú...¿Como te declaras a eso? - culminó con una pregunta, afianzando sus manos en las caderas y colándose bajo la tela de la blusa, buscando el contacto con su piel.
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Re: El Juego de la Noche [Reservado]

Mensaje por Invitado el Mar 5 Jul - 22:34:41

Tras aquella salida imprevista del bar, la demonia continuaba su paso lento hacia el vehículo en medio del solitario y oscuro estacionamiento; Rebuscaba en su bolso de mano las llaves de su auto mientras lidiaba con su frustración intrínseca por haber perdido a su objetivo. ¿Cómo había pasado todo aquello? ¿Cómo la distracción pudo empañar su juego? Suspiró ante tales pensamientos, sintiendo como un estremecimiento recorría por completo su cuerpo al recordar el sabor del aliento de aquel misterioso caballero. Alzo su mano para desactivar la alarma del lamborghini, frunciendo levemente el ceño al notar que las marcas en el interior de sus muñecas aun no se habían apagado, recorrió con la punta de los dedos uno de los tatuajes del lado derecho y entonces, fue cuando una emboscada apasionada inundó su cuerpo al verse atrapada entre su vehículo y la robusta complexión de aquel caballero que llamó con el pensamiento. Su voz grave era el elixir de su audición, su aliento cálido entre su cabello erizaba cada poro de su cuerpo develando su inanición, sus labios se entreabrieron para dejar escapar un ligero jadeo al intentar un débil forcejeo que fácilmente él doblegó al empujarla contra su cuerpo y entrelazar sus dedos con los de ella. -¿Has venido solo por el di…?- No logró concretar su frase, ya que un delicioso siseo acallaba sus demonios internos con una sensual efusión.

Anastasia cerró sus ojos al dejarse llevar con docilidad por el recorrido de las manos del extraño: Separó sus piernas por efecto de la presión de las suyas, manteniéndose paralizada por una extensa caricia electrificante que iniciaba desde sus tobillos y ascendía con dirección a sus pantorrillas. -¿De qué se me acusa?- Indagó suavemente con una tonalidad vocal lasciva, mordiendo su labio inferior, estremeciéndose levemente cuando el demonio elevó un poco más sus dedos sobre su piel, estrechando sus muslos hasta levantar un poco su vestido y profanar con un toque el preciso sitial que ardía por recibirlo. -¿Qué quieres?- Insistió entre las imputaciones del desconocido, tragando con dificultad la desbordante lujuria al sentirlo tras su espalda, rozando y envolviendo con su cuerpo la figura de la dama. –No has respondido a mi pregunta… ¿Cómo te llamas?- Inquirió mas pausadamente, aferrando sus manos en el techo de su auto mientras el hombre continuaba su recorrido de un modo aun más sugerente.

El demonio ahora deslizaba sus manos pecaminosas a través de la curvilínea figura de la dama, bordeando sus caderas, paseando con sus dedos a través de la convexa superficie de la parte posterior de su cuerpo, provocando que ella curvara su cuello hacia atrás para dejar escapar un erótico jadeo. El extraño se las había arreglado bastante bien para encontrar la separación entre la blusa y la falda de la mujer, escurriendo sus dedos a través de su piel, haciéndola arder –literalmente- al palpar su tenso abdomen y ascender para envolver con sus manos la turgencia de sus pechos, concluyendo con un movimiento ondulante que la aferraría aun más a su cuerpo. –Definitivamente soy culpable… Y si ésta es mi condena, seré una prisionera voluntaria de cada uno de tus besos…- Musitó en apenas un hilo de voz, girándose inesperadamente para encarar al hombre de la mirada de plata que parecía tan ansioso por adentrarse en el vicio carnal como ella misma.

Sus labios se encontraron en una batalla brutal, demandando una mayor intensidad cuando sus lenguas se entrelazaban y ejercían una sicalíptica danza en que ellos se sumergían sin intenciones de escapar. Anastasia dejo a un lado su famélica necesidad, en cambio estaba deseosa de satisfacer otra carencia que en esos momentos le resultaba tan vital como respirar. Las manos de la mujer ascendieron en una caricia suave por la curvatura de sus fuertes brazos, recorriendo sus amplios hombros para posteriormente adular su tacto con el calor que emanaba su pecho disneico, desapareciendo mágicamente los botones de su camisa que caían al suelo mientras sus labios surcaban con furiosos besos un camino decadente de desenfreno. Su lengua se permitió comprobar el sabor de su piel, abriéndose paso por su abdomen mientras llegaba a un extraño broche que impedía su consecución a la intimidad de aquel hombre.

Las voces de los guardias de seguridad del bar interrumpieron aquel momento que podría considerarse “casi” celestial, avivando una sonrisa en el rostro de Anastasia que alzaba su mirada traviesa hacia el rostro de aquel caballero que parecía tener el mejor gesto de asesinar a todo aquel que se atravesara en su camino. –Vamos al auto…- Propuso en un tono sugerente, levantándose de su postura para contonearse al asiento del copiloto y arrojarle las llaves del lamborghini al misterioso hombre. –Conduce…- Demandó sosteniendo su sátira sonrisa, acomodándose sobre el asiento de cuero mientras su mano izquierda liberaba la tensión que se condensaba en la parte baja de su cuerpo. –Lamento si he arruinado tu pantalón, pero…- Alargo las palabras al concentrarse en acariciar su virilidad sobre la tela de su ropa interior de color negro. –Creo que es más divertido si te deshaces de eso…- Señaló con la mirada aquel sitial de honor que estaba dispuesta a comprobar, escuchando el ronroneo del motor del auto y el violento arranque que hizo chirriar las llantas sobre el asfalto.

La mujer determino que su acompañante estaba mucho más serio de lo normal, aferrando sus manos al volante y con sus ojos puestos en el camino, evitando cualquier distracción que pudiese persuadirle de cometer algún error. Entre tanto la demonia, sin pudor alguno comenzaba a despojarse de su atuendo, deslizándolo muy provocativamente por su cuerpo hasta quedar solo con aquella exquisita pieza intima que componía su corsé y una porción de tela transparentada que permanecía cálida y húmeda para él. Ella no vacilo para deslizarse de su asiento e invadir el de él, separando sus piernas alrededor de sus caderas y acoplándose a su cuerpo mientras se posicionaba frente a su compañero… Lo estaba provocando… Ella deseaba fervientemente lo único que le podía dar ese extraño…

Su cintura comenzó a ondularse lentamente al rozar la sensible intimidad varonil, fijando sus manos alrededor de los hombros del desconocido mientras su pecho rozaba el de él en cada movimiento. Anastasia podía sentir un extenso palpitar que se fundía con el deseo que ambos amplificaban. Cada movimiento era sublime y simulaba perfectamente a lo que ambos podían llegar. Ella no podría contenerse mucho mas, ahora la humedad de su entrepierna empapaba cálidamente la tensión situada en la pelvis del hombre, avivando jadeos, gemidos que ella silenciaba al besar su cuello, palabras decadentes que le susurraba al oído entre cada embestida sutil. –Quiero que me tomes ahora… Hazme tuya, extraño… Deja de hablar y hazlo…-

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Re: El Juego de la Noche [Reservado]

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